Poco antes de Su muerte, Jesús oró por los discípulos para que no hubiera divisiones entre ellos, sino que estuvieran UNIDOS en un mismo modo de pensar y de actuar. El Señor dijo:

«Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean UNO; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean UNO en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste»[1].

       Es interesante notar que Jesús oró no solamente por aquellos primeros seguidores sino también por los que fueran a creer en Él días y años más tarde, lo cual incluye a los que vivimos hoy en día. La oración de Jesús indica claramente que cuando hay unidad entre Sus seguidores habrá mayor posibilidad de que el mundo crea en Él. Por contraste, el incumplimiento de este anhelo del Señor es la causa de mucha incredulidad y confusión.

       En lugar de ser «uno», el llamado «cristianismo» de la actualidad se conoce por numerosos cuerpos religiosos divididos y subdivididos. El incumplimiento de la oración de Jesús hace que muchos se pregunten: «¿Cuál de estos grupos tiene la verdad? ¿los católicos? ¿los evangélicos? ¿los bautistas? ¿los pentecostales? ¿los ‘testigos de Jehová’? ¿los mormones? etc.» Si deseamos volver al cristianismo puro, debemos abogar por un retorno a la sencilla organización y obra de la iglesia descrita en el Nuevo Testamento.

       Sin duda, la característica más importante de la iglesia primitiva es que tenía a Cristo como su única «cabeza». Refiriéndose a este tema, el apóstol Pablo escribió:

«Dios puso todas las cosas bajo sus pies y lo designó como cabeza de TODO para la iglesia, que es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo»[2].

       En el sentido físico, sabemos que de la cabeza (del cerebro) procede todas las instrucciones necesarias para conducir los movimientos del cuerpo. De la misma manera, Jesús ha sido designado por el Padre celestial como «cabeza de TODO para la iglesia». Refiriéndose al mismo tema, Jesús mismo dijo en el evangelio según Mateo:

«TODA potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden TODAS LAS COSAS QUE OS HE MANDADO; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén»[3].

       Si Jesús tiene TODA autoridad como cabeza sobre la iglesia, quiere decir que al hombre no le corresponde NINGUNA autoridad en este sentido. ¡Jesús es la única cabeza de la iglesia, tanto celestial como terrenal! La razón por este arreglo divino se ve por el hecho de que Jesús mismo es el fundador y edificador de la iglesia[4].

       En el sentido universal, Jesús es la Cabeza de cada cristiano individualmente. Aparte de esto, la iglesia universal no tiene estructura orgánica. Muchos se sorprenden al saber que la iglesia revelada en el Nuevo Testamento no tiene papas, ni cardenales, ni arzobispos, ni concilios, ni sínodos, ni convenciones, ni gobierno central en la tierra. La iglesia universal se compone ni más ni menos de INDIVIDUOS SALVOS quienes gozan de UNA RELACIÓN ESPIRITUAL CON JESÚS por medio de la obediencia a Su palabra revelada en el Nuevo Testamento[5]. Según el plan de Dios, cada miembro de la iglesia universal recibe sus instrucciones de la única Cabeza, la cual es Jesús.

       En desacuerdo con este plan claro y sencillo, algunos dirigentes religiosos usurpan (toman ilícitamente) el poder que corresponde únicamente a Cristo y se autonombran «Cabeza de la Iglesia». Otros que denuncian enérgicamente este error no se oponen a la creación de concilios, sínodos, convenciones, etc., aunque estas organizaciones de invención humana toman decisiones para todos los miembros de su denominación en particular. Además, en lugar de permitir que Cristo gobierne a cada iglesia local a través de Su palabra, muchos están sujetos a una sede central, mesa directiva, cuartel general o iglesia madre. ¡Estos arreglos violan el plan de Dios para su iglesia!

       De vez en cuando oímos de los esfuerzos «ecuménicos» de algunas de estas denominaciones, pero ¿bajo cuál sede central o iglesia madre deben unirse? ¿Quién o quiénes formarán el «cuerpo gobernante»? ¿Cuál será la doctrina?

       Para los que quieren evitar este terrible «cacao», existe una solución obvia y sencilla: OBEDECER A CRISTO SIN SER MIEMBRO DE NINGUNA ALIANZA SECTARIA.

       ¿Por qué no vuelve con nosotros al cristianismo puro del primer siglo? Como miembros de la iglesia de Cristo no reconocemos a ninguna cabeza de la iglesia menos a Cristo Jesús. Y con razón… ¡Cristo es el único que la ha comprado con Su propia sangre![6]



[1] Juan 17:20,21, Reina-Valera (Revisión 1960).

[2] Efesios 1:22,23, Nueva Versión Internacional.

[3] Mateo 28:18-20, Reina-Valera (Revisión 1960).

[4] Mateo 16:18

[5] Juan 8:31; 14:21-23; 15:14; Hechos 2:42,47; Efesios 4:15

[6] Hechos 20:28